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La
Noche Boca Arriba
Julio Cortázar
"En la mentira infinita de ese sueño también lo habían alzado del suelo,
también alguien se le había acercado con un cuchillo en la mano, a él tendido boca arriba, a él boca arriba con los ojos cerrados
entre las hogueras."----- La Noche Boca Arriba.
Esta historia me fascinó, creo que es la que más me ha gustado en todo el año. Me gustó muchísimo el final tan irónico
porque todo el tiempo uno piensa que el personaje esta teniendo ese sueño en el cual esta huyendo de unos hombres y es sacrificado
al final, pero en verdad era todo lo opuesto. Aparte el título hace sentido porque envés de que la noche este boca abajo,
esta boca arriba.
La Noche Boca Arriba Online:
http://www.juliocortazar.com.ar/cuentos/boca.htm
Ana María Matute
Gran novelista Española nacida en Barcelona.
Novelas:
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En esta tierra (1958). Premio de la Crítica.
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Aranmanoth
Relatos cortos y cuentos para niños:
El árbol de Oro
Por
Ana Maria Matute
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Asistí durante un otoño a la escuela de la señorita Leocadia,
en la aldea, porque mi salud no andaba bien y el abuelo retrasó mi vuelta a la ciudad. Como era el tiempo frío y estaban los
suelos embarrados y no se veíia rastro de muchachos, me aburría dentro de la casa, y pedí al abuelo asistir a la escuela.
El abuelo consintió, y acudí a aquella casita alargada y blanca de cal, con el tejado pajizo y requemado por el sol y las
nieves, a las afueras del pueblo. La señorita Leocadia era alta y gruesa,
tenía el carácter mas bien áspero y grandes juanetes en los pies, que la obligaban a andar como quien arrastra cadenas. Las
clases en la escuela, con la lluvia rebotando en el tejado y en los cristales, con las moscas pegajosas de la tormenta y persiguiéndose
alrededor de la bombilla, tenían su atractivo. Recuerdo especialmente a un muchacho de unos diez años, hijo de un aparcero
muy pobre, llamado Ivo. Era un muchacho delgado, de ojos azules, que bizqueaba ligeramente al hablar. Todos los muchachos
y muchachas de la escuela admiraban y envidiaban un poco a Ivo, por el don que poseía de atraer la atención sobre síi, en
todo momento. No es que fuera ni inteligente ni gracioso, y, sin embargo, había algo en él, en su voz quizás, en las cosas
que contaba, que conseguía cautivar a quien le escuchase. También la señorita Leocadia se dejaba prender de aquella red de
plata que Ivo tendía a cuantos atendían sus enrevesadas conversaciones, y yo creo que muchas veces contra su voluntad la señorita
Leocadia le confiaba a Ivo tareas deseadas por todos, o distinciones que merecían alumnos más estudiosos y aplicados. Quizá lo que mas se envidiaba de Ivo era la posesión de la codiciada llave de la
torrecita. Ésta era, en efecto, una pequeña torre situada en un ángulo de la escuela, en cuyo interior se guardaban los libros
de lectura. Allí entraba Ivo a buscarlos, y allí volvía a dejarlos, al terminar la clase. La señorita Leocadia se lo encomendó
a él, nadie sabía en realidad por qué. Ivo estaba muy orgulloso de esta distinción, y por nada del mundo la hubiera cedido.
Un día, Mateo Heredia, el mas aplicado y estudioso de la escuela, pidió encargarse de la tarea a todos nos fascinaba el misterioso
interior de la torrecita, donde no entramos nunca, y la señorita Leocadia pareció acceder. Pero Ivo se levantó, y acercándose
a la maestra empezó a hablarle en su voz baja, bizqueando los ojos y moviendo mucho las manos, como tenía por costumbre. La
maestra dudo un poco, y al fin dijo: Quede todo como estaba. Que siga encargándose Ivo de la torrecita. A la salida de la
escuela le pregunté: iQué le has dichoa la maestra? Ivo me miró de traves
y vi relampaguear sus ojos azules. Le hablé del árbol de oro. Sentí
una gran curiosidad. iQué árbol? Hacia frio y el camino estaba humedo, con grandes charcos que brillaban al sol pálido de la tarde. Ivo empezó a chapotear
en ellos, sonriendo con misterio. Si no se lo cuentas a nadie... Te lo juro, qué a nadie se lo diré. Entonces Ivo me explicó: Veo un árbol de oro. Un árbol completamente de oro: ramas, tronco, hojas... ¿sabes? Las hojas
no se caen nunca. En verano, en invierno, siempre. Resplandece mucho; tanto, qué tengo qué cerrar los ojos para que no me
duelan. jQué embustero eres! dije, aunque con algo de zozobra. Ivo me
miró con desprecio. No te lo creas contestó.Me es completamente igual que te lo creas o no... ¡Nadie entrará nunca en la torrecita, y a nadie
dejaré ver mi árbol de oro! ¡jEs mío! La señorita Leocadia lo sabe, y no se atreve a darle la llave a Mateo Heredia, ni a
nadie... ¡Mientras yo viva, nadie podrá entrar allí y ver mi árbol! Lo
dijo de tal forma que no pude evitar preguntarle: ¿Y cómo lo ves... ? Ah,
no es fácil dijo, con aire misterioso. Cualquiera no podría verlo. Yo sé la rendija24 exacta. ¡Rendija... ? Sí, una rendija de la pared.
Una que hay corriendo el cajón de la derecha: me agacho y me paso horas... ¡Cómo brilla el árbol! ¡Cómo brilla! Fíjate qué
si algún pájaro se le pone encima también se vuelve de oro. Eso me digo yo: si me subiera a una rama,¿me volvería acaso de
oro también? No supe qué decirle, pero, desde aquel momento, mi deseo
de ver el árbol creció de tal forma qué me desasosegaba. Todos los días, al acabar la clase de lectura, Ivo se acercaba al
cajón de la maestra, sacaba la llave y se dirigía a la torrecita. Cuando volvía, le preguntaba: ¿Lo has visto?Sí me contestaba.
Y, a veces, explicaba alguna novedad: Le han salido unas flores raras.
Mira: así de grandes, como mi mano lo menos, y con los pétalos alargados Me parece que esa flor es parecida al arzadú. ¡La flor del frío! decía yo, con asombro. ¡Pero el arzadú es encarnado! Muy bien asentía él, con gesto de paciencia. Pero en mi árbol es oro puro. Además, el arzadú crece al borde de los caminos... y no es un árbol. No se podía discutir con él. Siempre tenía razón, o por lo menos lo parecía. Ocurrió entonces algo qué secretamente yo deseaba; me avergonzaba sentirlo, pero
asi era: Ivo enfermó, y la señorita Leocadia encargó a otro la llave de la torrecita. Primeramente, la disfruto Mateo Heredia.
Yo espié su regreso, el primer día, y le dije: ¿Has visto un árbol de oro? ¿Qué andas graznando? me contestó de malos modos, porqué no era simpático, y menos conmigo. Quise darselo a entender,
pero no me hizo caso. Unos días después, me dijo: Si me das algo a cambio, te dejo un ratito la llave y vas durante el recreo.
Nadie te verá... Vacié mi hucha, y, por fin, conseguí la codiciada llave.
Mis manos temblaban de emoción cuando entré en el cuartito de la torre. Allí estaba el cajón. Lo aparté y vi brillar la rendija
en la oscuridad. Me agaché y miré. Cuando la luz dejó de cegarme, mi
ojo derecho sólo descubrió una cosa: la seca tierra de la llanura alargándose hacia el cielo. Nada más. Lo mismo que se veía
desde las ventanas altas. La tierra desnuda y yerma, y nada más que la tierra. Tuve una gran decepción y la seguridad de que
me habían estafado. No sabía cómo ni de qué manera, pero me habían estafado. Olvidé la llave y el árbol de oro. Antes de que llegaran las nieves regresé a la ciudad. Dos veranos más tarde volví
a las montañas. Un día, pasando por el cementerio era ya tarde y se anunciaba la noche en el cielo: el sol, como una bola
roja, caía a lo lejos, hacia la carrera terrible y sosegada de la llanura, vi algo extraño. De la tierra grasienta y pedregosa,
entre las cruces caídas, nacía un árbol grande y hermoso, con las hojas anchas de oro: encendido y brillante todo el, cegador.
Algo me vino a la memoria, como un sueño, y pensé: «Es un árbol de oro». Busqué al pie del árbol, y no tardé en dar con una
crucecilla de hierro negro, mohosa por la lluvia. Mientras la enderezaba, leí: IVO MÁRQUEZ, DE DIEZ AÑOS DE EDAD. Y no daba tristeza alguna, sino, tal vez, una extraña y muy grande alegría. |
Mi
opinión del cuento..........
En lo personal esta historia no me gustó tanto como La Noche Boca Arriba u otras que he leído este año. Sin embargo
comprendí la historia bastante bien aunque si tuve problema al entender el final y el simbolismo que reflejaba el cuento.
Por un lado si creo que quizás el árbol de oro representaba la sabiduría y el conocimiento pero a la misma vez tengo otra
perspectiva sobre el cuento. Creo que el cuento demuestra en parte la inocencia de los niños y como ven el mundo tan puro
y perfecto, en contraste con los más grandes que tienen una perspectiva negativa del mundo.
Injusticia
Social En CHILE
Carreterra Acceso Sur Santiago......
La AFP y los campesinos jubilados......
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El Poeta Del Mes
Un tributo a
Pablo Neruda....
Unos de los mejores poetas del siglo XX




El ARTE Y
PABLO NERUDA
Nace en la ciudad de Parral, Chile
el 12 de julio de 1904. Él nace con el nombre de Ricardo Neftali Reyes Basalto y vive en Temuco en 1906. Él publica sus poemas
en la Mañana y ya por 1919 gana el 3r premio en Los Juegos Florales de Maule. En 1921, él atiende a la Universidad de Chile
y estudia pedagogía en francés. También obtiene el 1r premio en el Festival de Primavera. Por el año 1927, Neruda se dedica
a una carrera diplomática y se convierte en cónsul para múltiple países. Por un tiempo él se dedica al movimiento republicano
pero después el sé regresa a Chile, en donde gana el Premio Nacional de Literatura en 1945. Él se convierte en Senador de
la República. En 1965 recibe honores causa de Oxford y en 1971 gana el Premio Nóbel de la Literatura. El 23 de septiembre
de 1973 muere por un cáncer a la próstata.
Parral
Temuco
SANTIAGO DE CHILE
UNIVERSIDAD DE CHILE
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POEMA XX
Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros,
a lo lejos."
El
viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches
como ésta la tuve entre mis brazos. La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería. Cómo
no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír
la noche inmensa, más inmensa sin ella. Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. La
noche está estrellada y ella no está conmigo.
Esoes todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. Mi alma no se contentacon haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca. Mi corazónla busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. Mi voz buscaba el viento para tocar
su oído.
De
otro. Será de otro. Como antes de mis besos. Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez
la quiero. Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la
tuve entre mis brazos, Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste
sea el último dolor que ella me causa, y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

Increibles obras publicadas por PABLO NERUDA:
  
 
MI PROPIO POEMA
BOSQUE

Caminando voy yo
a través de un angosto e incierto camino rodeado de plantas lozanas plantas
verdísimas y vigorosas acompañadas de árboles altos y robustos caminando voy, tratando de adivinar el fututo y
olvidar el pasado la densa manta de hojas cubre el final del camino aunque el final sea incierto y lejano, caminando
voy yo
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